¿Ocupada en cosas espirituales? ¿Para la gloria de Dios o para la tuya?

“NADA HAGÁIS POR EGOÍSMO O POR VANAGLORIA.” (FILIPENSES 2:3)

¿Estás haciendo lo que Dios te ha mandado a hacer, o estás haciendo cosas espirituales para satisfacer tu propio ego?

Muchas veces estamos demasiado ocupadas en el llamado que nos hacemos a nosotras mismas, que no tenemos tiempo para el llamado que nos ha hecho Dios.

“Mujer hacendosa, ¿quién la hallará? Su valor supera en mucho al de las joyas.” (Proverbios 31:10)

La razón por la que muchas mujeres no están de acuerdo con el rol de la femineidad bíblica, es porque aman más lo que ellas hacen, que lo que Dios las ha mandado a hacer.

¿Someterte a tu esposo, cuidar tus hijos, velar por tu hogar, pastorear únicamente a mujeres y niños dentro de la iglesia, te suena incómodo?

Entonces, muy probablemente estás muy lejos de cumplir tu rol diseñado por Dios. Esto se debe a que estamos siendo desobedientes con lo que la Escritura nos manda y reconocemos como divinas, sólo unas porciones de la Palabra que nos convienen, como 1 Pedro 3:7: “Y vosotros, maridos, igualmente, convivid de manera comprensiva con vuestras mujeres, como con un vaso más frágil”, pero desacreditamos otras como Efesios 5:22 “Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor”.

Esto refleja un problema de orgullo en el corazón, posicionándote al nivel de Dios, diciendo que sólo partes de la Escritura son inspiradas. Déjame recordarte, que los versículos apócrifos ya fueron descartados.

¿Tu horario está demasiado saturado por dedicarle tiempo a tus ídolos?

 “Sirvo en muchos ministerios…para la gloria de Dios”.

“Soy la mejor servidora, no tengo día libre”.

“Un título teológico más y estaré lista para servirle al Señor”.

Usamos nuestro tiempo, para servirle al Señor de diferentes maneras, o para hacer muchas cosas espirituales y ministeriales, que no desacreditamos que son buenas, que pueden agradar al Señor; pero sólo cuando las haces para la gloria de Dios, porque Él te llamó a hacerlas y no para tu gloria, porque tú te llamaste a hacerlas.  

¿Estás en 3 ministerios?, ¿por qué no dejas uno?

¿Porque ya no tendrás fotos para poner en tus redes sociales, donde sales “glorificando al Señor”?, ¿porque tendrías que abandonar tu puesto de liderazgo?, ¿porque tu ego sería golpeado?

Muy probablemente, algunas de las cosas en las gastas tus energías, no son las que Dios te ha llamado a hacer, y continúas haciéndolas porque son de edificación para tu orgullo.

“Hago tantas cosas durante la semana, soy un buen prospecto para ser esposa, cualquiera quisiera casarse conmigo”.

Con mucha vergüenza, les comento que esas fueron las palabras de mi egocéntrico corazón hace algunos años.

Estaba comprometida, tenía 2 trabajos, 2 carreras, una microempresa, 3 ministerios en la iglesia, mi horario estaba tan saturado, que casi no dormía. Una vez mi suegra, en ese entonces, me dijo que no estaba lista para casarme, porque ¿en qué momento atendería a mi futuro esposo?

Recuerdo que me molesté mucho, y pensé: “¿Acaso no ve todo lo que yo hago en el día?”, no tendré tanto tiempo para atender a mi esposo, porque estaré ocupada siendo la mujer maravilla.

Unos meses después, me quedé vestida de blanco, sin poder llegar hasta el altar…

Y ahora comprendo, que una de las razones por las que Dios no me permitió casarme, era porque hubiera sido una pésima esposa, quizás ya estuviera divorciada. ¿Por qué?

Porque estaba ocupada haciendo cosas espirituales para mi propia gloria.

No me mal entiendan, es bueno el servicio, puedes estar barriendo en tu iglesia, o traduciendo la Escritura, ambas cosas pueden glorificar a Dios, pero… ¿Es lo que Dios te ha llamado a hacer?

-“Estudiaré en el seminario para aprender de la Palabra y servirle al Señor”. ¿Te hizo el llamado tu orgullo o te lo hizo Dios?

-“Voy a prepararme para ser misionera y sufrir por causa de Cristo”. ¿Te hizo el llamado tu orgullo o te lo hizo Dios?

El orgullo es tan sutil, que se disfraza de espiritual.

Incluso, muchas veces estamos ocupadas haciendo cosas que no son espirituales precisamente, que tampoco son malas, pero que han desplazado el lugar de cosas espirituales, que si son para nuestra edificación.

Por ejemplo, probablemente has dejado de asistir frecuentemente a la iglesia, porque debes ir a trabajar, porque debes atender tu negocio, porque debes cuidar a tus nietos, porque debes ir a la universidad, porque es tu día de descanso y prefieres dormir, etc.

Piensa en algo, ¿cuánto tiempo más pasará para que estás cosas, a las que les estás dedicando mucho tiempo y energías terminen?

-La universidad, probablemente de 3 a 6 años. ¿Qué obtendrás? Un título que estará en tu pared, un ajuste en tu currículum y probablemente un mejor empleo.

-Tu negocio, probablemente toda tu vida. ¿Qué obtendrás? Algunas cuentas al día, más dinero y/o comodidades.

-Tú trabajo, hasta que te despidan o encuentres otra mejor oportunidad, con suerte con un mejor horario. ¿Qué obtendrás? Indemnización, aumento de salario y probablemente, buenas referencias para un nuevo empleo.

Pero, ¿qué habrás perdido al dedicarle tanto tiempo a estas cosas?

¡AÑOS DE CRECIMIENTO EN LA PALABRA DE DIOS, PARA TÚ EDIFICACIÓN Y LA DE TU FAMILIA!

¿Te das cuenta como todas estas cosas, en las que gastamos nuestras energías no son para El Reino, sino para nuestro propio reino terrenal y temporal?

No estamos llamadas a llenar nuestro horario de cosas “para Él”, estamos llamadas a llenarnos de Él.

Si en tu apretada agenda, no estás haciendo lo que realmente importa y lo que Dios te ha llamado a hacer, te animo a hacer un reajuste de prioridades.

Dedica un tiempo con Dios, saca un hoja de papel, lapicero y anota todas las cosas que Dios te hará saber en oración, que tú estás haciendo y que no están glorificándolo a Él, sino más bien únicamente están satisfaciendo tu orgullo.  

Has un reajuste de prioridades, abandona las cosas que haces por vanagloria, has morir tu ego, retorna al diseño divino y glorifica al Señor.

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