¿Soy hipersensible?

¿Has pensado alguna ves que las personas que están a tu alrededor deberían cambiar? ¿Frecuentemente te lastiman las palabras o actitudes de otros? Entonces muy probablemente eres “hipersensible”…

Hace un tiempo, me di cuenta que esta característica estaba en mi personalidad mientras me realizaba una introspección. Y creí confirmarlo, después que estudié algunos libros acerca de los temperamentos controlados y transformados por el Espíritu Santo, donde leí que una de las combinaciones de mi temperamento, tenía la característica de ser hipersensible.

Simplemente sabía que era muy frágil, es decir que casi cualquier cosa que pasaba, que la gente decía o las actitudes que tenían, frecuentemente me herían, me dañaba emocionalmente, a veces hasta el más simple comentario me sonada excesivamente ofensivo. Sin embargo no demostraba como me sentía en mi corazón, y respondía con ira, palabras ofensivas, distanciamiento y silencio, creando así, un escudo para mantenerme alejada de “semejantes pecadores”. Comencé a ver errores en todas las personas, lo mal que “me trataban” o lo “irrespetuosos” que eran.

A raíz de lo meticulosos que podemos llegar a ser para evaluar a las personas, descubrimos que somos perfeccionistas, lo terrible de esto, es que orgullosamente decimos “¡soy perfeccionista!” y lo vemos como una virtud. Cualquier mínimo error, lo miramos a través de la lupa del perfeccionismo,  y en lugar de ver todo lo bueno, vemos amplificado todo malo.

La psicología me decía que tenía déficit de inteligencia emocional, es decir, que se me dificultaba el manejo de los sentimientos y emociones. Internet y los libros me decían que era hipersensible, yo decía que el problema estaba en los demás, la gente decía que el problema estaba en mí, mi familia me decía que mis actitudes fueron heredadas, pero solo la Palabra me reveló mi diagnóstico…. ¡ORGULLO!

El orgullo es la sobrevaloración de nosotros mismos.

“Porque en virtud de la gracia que me ha sido dada, digo a cada uno de vosotros que no piense más alto de sí que lo que debe pensar”. (Romanos 12:3a)

Jonathan Edwards dijo:

“El orgullo es el primer pecado en entrar al universo y el último en ser arrancado, es el enemigo más obstinado de Dios”.

El pecado de Adán y Eva, no fue desobediencia, la desobediencia fue el resultado de su orgullo. (Gen. 3:4-6) Mientras que, al  igual que ellos queremos posicionarnos al nivel de Dios, nos deificamos y humanizamos a Dios. Este pecado, es el más difícil de discernir, más que cualquier otro tipo de pecado, debido a su naturaleza “sutil”. El orgulloso, es aquel que tiene una opinión muy elevada de sí mismo y naturalmente, no estamos conscientes de ello. Nos hace pensar que estamos bien y que el problema es con todos los demás. Al pensar eso reflejamos egocentrismo, exaltación propia y respondemos siempre ásperamente.

Muchas veces, creemos tener baja autoestima, problemas emocionales, repercusiones de nuestro pasado, no duele cuando otros no tienen una opinión elevada de nosotros. Piensa, ¿cuándo fue la última vez que te sentiste ofendida por un comentario?, ¿hace cuánto fue la última vez que pediste perdón a alguien genuinamente?, ¿hace cuánto notaste tus respuestas ásperas?, ¿Hace cuánto criticaste la imperfección de otros?

Mujeres, ¡no somos hipersensibles! , ese es el disfraz del orgullo. La auto-idolatría se disfraza de auto-lástima. Lo que nos duele no son las “ofensas” de las personas, sino el ataque directo a nuestro ego. Rindamos esto a Cristo…Por amor a Su Nombre.

Entonces, ¿cómo saber que si somos orgullosos y como combartir esto con la humildad?

El primer paso, es admitir que somos orgullosos. Y que necesitamos urgentemente un donante para un trasplante de corazón. ¿Adivinen qué? ¡Ya encontramos donante!… Jesucristo.

Te invito a que realices un pequeño diagnóstico para que puedas darte cuenta de cuantas veces hemos evidenciado el orgullo de nuestro corazón. Estas 41 evidencias que veremos a continuación, las aprendí de Nancy Leigh Demoss, mientras Dios me estaba revelando mí pecado en esa época.

Pero antes, ten cuidado de llegar al extremo de autoflagelarte al atribuírtelas todas. Todas probablemente en algún momento las hemos hecho, pero sólo algunas son frecuentes en nuestro diario vivir.

Empecemos:

1. ¿Desprecias o ves como inferiores a las personas que son menos educadas, menos acomodadas o  menos exitosas que tú?

2. ¿Te ves a ti misma como una persona más espiritual que tus compañeras o hermanas de tu iglesia?

3. ¿Tienes un espíritu crítico hacia aquellos que no viven de acuerdo al mismo estilo de vida que tú has escogido, tales como criterios sobre forma de vestir, educación de los hijos, tipos de entretenimiento, etc.?

4. ¿Encuentras con facilidad las faltas en los demás, verbalizando esas ideas a otros? ¿Tienes una lengua cortante y crítica?

5. ¿Corriges y criticas frecuentemente a tu compañero, pastor o a otras personas en posiciones de liderazgo (maestros, directivos, etc.)?

6. ¿Le dedicas un tiempo excesivo al esfuerzo por mantener tu apariencia física, cabello, maquillaje, ropa, peso, forma física?  ¿Evitas tener las señales de envejecimiento?

7. ¿Estas orgullosa de la agenda que llevas, de cuán disciplinada eres o cuanto puedes lograr?

8. ¿Eres motivada por el reconocimiento, la aprobación, la aceptación o el halago de los demás?

9. ¿Eres argumentativa o te gusta discutir?

10. ¿Siempre piensas que tu forma de hacer las cosas es la forma correcta, la única manera de hacerlo o la mejor forma?

11. ¿Tienes un espíritu sensible? ¿Te ofendes fácilmente? ¿Te hieren los sentimientos fácilmente?

12. ¿Pretendes ser lo que no eres? ¿Tratas de dar una mejor impresión de ti misma, más allá de lo verdadero? (¿Se sorprenderían las personas de la iglesia si supieran como eres realmente en tu casa?)

13. ¿Te cuesta admitir que estás equivocada?

14. ¿Te cuesta confesar tus pecados a Dios y a otros (no en cuanto a generalidades, sino de manera específica)?

15. ¿Tienes dificultad de compartir con otros tu verdadera necesidad espiritual y tus luchas?

16. ¿Te cuesta orar en voz alta con los demás?

17. ¿Eres excesivamente tímida? ¿No quieres hacer el “ridículo” para que no se rían de ti?

18. ¿Te cuesta relacionarte y ser amistosa en la iglesia con las personas que no conoces?

19. ¿Te resientes cuando se te pide algo o cuando se espera que sirvas a tu familia o a otros?

20. ¿Te pones a la defensiva cuando eres criticada y corregida?

21. ¿Eres perfeccionista? ¿Te impacientas con las personas que no lo son?

22. ¿Tiendes a ser controladora de tu esposo, de tus hijos, de tus amigos, de aquellos con los que trabajas?

23. ¿Interrumpes a las personas frecuentemente cuando están hablando?

24. ¿Se siente tu esposo intimidado por tu “espiritualidad”?

25. ¿Siente tu esposo que nunca podrá llenar tus expectativas de lo que significa ser un buen esposo o un líder espiritual, etc.?

26. ¿Te quejas con frecuencia del clima, de tu salud, de tus circunstancias, de tu trabajo o de tu iglesia?

27. ¿Hablas mucho de ti misma?

28. ¿Estás más preocupada por tus propios problemas, necesidades y cargas que por las preocupaciones de los demás?

29. ¿Te preocupa lo que otros piensen de ti? ¿Te preocupas demasiado por tu reputación o la de tu familia?

30. ¿Eres negligente a la hora de expresar gratitud por las “pequeñas cosas”? ¿Hacia Dios? ¿Hacia los demás?

31. ¿Te descuidas en la oración y en la meditación de La Palabra?

32. ¿Te hieres cuando tus logros o actos de servicio no son reconocidos o recompensados?

33. ¿Te hiere que tus opiniones o tus sentimientos no sean tomados en cuenta por tu compañero o por tu jefe, o cuando toman decisiones sin informártelo?

34. ¿Reaccionas mal ante las reglas? ¿Te disgusta que te digan lo que tienes que hacer?

35. ¿Estás muy consciente de ti misma debido a tu educación o por tu belleza natural o estatus socio-económico?

36. ¿Evitas participar en ciertos eventos por miedo a ser avergonzada o lucir tonta?

37. ¿Evitas estar rodeada de cierto tipo de gente porque te sientes inferior en comparación a ellas o no sientes que estás a su altura?

38. ¿Te sientes incómoda invitando personas a tu casa porque no crees que sea lo suficientemente bonita, lujosa o porque no puedes atenderlas de manera espléndida? 

39. ¿Se te hace difícil hacerle saber a los demás cuando necesitas ayuda (práctica o espiritual)?

40. ¿Cuándo fue la última vez que dijiste estas palabras a un miembro de tu familia o compañero de trabajo: “Me equivoqué, ¿me podrías perdonar?”  (Si ha sido hace más de un mes, márcala.)

41. ¿Estás ahí pensando cuántas de estas preguntas le aplicarían a alguien que conoces? ¿Te sientes bien pensando que muchas de estas cosas no te aplican a ti?

Ven como nuestro orgullo muchas veces utiliza máscaras. Medita en cual otra manera has reflejado orgullo…

Cuando Dios pone “una persona difícil” de tratar, en nuestro camino, es una oportunidad para que reflejemos como respondería Jesús. Además de Su Palabra, somos el único medio por el cual las personas pueden evidenciar como era Jesús y cada vez que respondemos en orgullo siendo cristianas, reflejamos algo que ya no es parte de nuestra naturaleza espiritual, porque ya hemos sido selladas por el Espíritu Santo. 

“Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto”. (Colosenses 3:12-14)

Vistámonos como lo que ya somos, hijas de Dios.

*Reto opcional de 30 días: Durante 30 días, por la gracia de Dios que nos ha sido otorgada, haremos el esfuerzo de morir a nosotras mismas, respondiendo en humildad, benignidad y mansedumbre ante situaciones que normalmente respondíamos en orgullo. Sin duda no será un camino fácil, pero estoy segura que valdrá la pena. ¡Inténtalo! Espero sus comentarios acerca de cómo les fue en este reto. Estaré orando por ustedes.

2 comentarios sobre “¿Soy hipersensible?

  1. Gracias por tu comentario! Gloria a Dios, porque Él ha revelado el pecado que estaba oculto en tu corazón, eso es gracia!!! Sin duda será un proceso, pero en Cristo tenemos esperanza (Fil 1:6).Me gozo mucho porque el artículo ha edificado tu vida.
    Gracias por tus buenos deseos, estaré orando por ti estimado Frank. Saludos.

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  2. Hola, jajaja, no se como caí aquí, salvo por la gracia de D-s, estimada Michelle Pozo, agradezco que El Eterno te haya puesto en mi camino, porque me diste la respuesta sobre mi orgullo, ahora pues solo queda ponerlo en las manos del D-s de los cielos para trabajar y eliminar este vicio tan dañino para nuestras almas, lo mejor para ti y esta pagina, que la bendición de Yeshua descienda sobre ti y sobre todos aquellos que están luchando con esto; es algo bien difícil de tratar porque nos cuesta trabajo admitir que estamos mal o que necesitamos corrección o la pregunta clásica de ¿Como es que me pude equivocar? Nuevamente muchas gracias, D-s es fiel y aun en estos tiempos, sigue respondiendo. Saludos.

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