MODESTIA, UNA FORMA MÁS DE GLORIFICAR A DIOS.

Continuamente elegir la vestimenta adecuada es un problema para las cristianas en la actualidad. Porque nuestro pecaminoso corazón nos hace llegar siempre a los extremos, a la sensualidad o al legalismo. Sin embargo, ¿quién establece el estándar para nosotras al momento de vestir? Sin duda la palabra de Dios, pero la palabra únicamente nos dirá parámetros generales, no dice específicamente por ejemplo “la falta, abajo de la rodilla”.

La Palabra no es explícita en este sentido, sin embargo nos dice quién nos dirá el parámetro: “En cambio, si una mujer no se cubre la cabeza cuando ora o cuando comunica mensajes proféticos, DESHONRA A SU CABEZA… El hombre no debe cubrirse la cabeza, porque él es imagen de Dios y refleja la gloria de Dios. Pero la mujer refleja la gloria del hombre…la mujer DEBE LLEVAR sobre la cabeza una SEÑAL DE AUTORIDAD”. (1 Corintios 5a, 7, 10b).

Por tanto, el primer parámetro lo pone el esposo. Si nuestro esposo nos dice: “Cámbiate, esa ropa no es adecuada…”, hagámoslo, porque lo honramos a él y a Dios. El problema al no hacerlo, no es que nos veremos sensuales a los ojos de nuestro esposo (probablemente a los ojos de otras personas no), sino la actitud que reflejará nuestro corazón. “Las esposas deben estar sujetas a sus esposos como al Señor. Porque el esposo es cabeza de la esposa, como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo; y él es también su Salvador”. (Efesios 5:22-23)

El segundo parámetro lo ponen las mujeres piadosas de la iglesia. Deben ser el modelo a seguir en cuanto a la modestia y la piedad, no decirlo con sus bocas: “vístanse como yo”, sino modelar como deberían vestirse todas; y abonando a eso que serán expuestas al evangelio constantemente, será la Palabra misma quien irá transformando el corazón. “Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, que enseñen lo bueno, que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada”. (Tito 2:3-5)

¿Y qué pasa si no estoy casada, ni tengo una relación? Entonces el primer parámetro lo ponen el papá y/o la mamá, y el segundo las mujeres piadosas de la iglesia. “Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor” (Colosenses 3:20). ¿Y qué pasa si mi esposo o mis padres son muy legalistas? “Estén sujetos los unos a los otros, por reverencia a Cristo” (Efesios 5:21). Decir que “ellos son muy legalistas y por eso no quiero o no voy a obedecer” es una excusa que refleja un corazón orgulloso y rebelde. Glorifiquemos a Dios a través de nuestra sumisión, de nuestra obediencia, de nuestro vestuario…

La modestia permite que las personas vean a Cristo antes que a nosotras mismas. “Asimismo, que las mujeres se vistan con ropa decorosa, con pudor y modestia, no con peinado ostentoso, no con oro, o perlas, o vestidos costosos; sino con buenas obras, como corresponde a las mujeres que profesan la piedad” (1 Timoteo 2:9-11).

Y que vuestro adorno no sea externo: peinados ostentosos, joyas de oro o vestidos lujosos, sino que sea el yo interno, con el adorno incorruptible de un espíritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios. Porque así también se adornaban en otro tiempo las santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos. (1 Pedro 3:3-5)

Las feministas proclaman: “Es mi cuerpo, y voy a hacer con él lo que quiera”. Las cristianas de hoy dicen: “Es mi libertad, y voy a hacer con ella lo que quiera”. Sin embargo, las Escrituras afirman: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:19-20).

Si eres cristiana, no es tu cuerpo, es del Señor, para la gloria de El mismo.

“Tu “habilidad” para manipular, seducir y enamorar hombres a través de tu vestimenta, sólo es una señal de cuan manipulada, seducida y enamorada te tiene satanás”.

Arrepiéntete si te vistes para atraer las miradas de los hombres y no para la gloria de Dios.

Michelle Pozo.

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