21 Razones por las que Dejé de Ser Carismático-Pentecostal

21 Razones por las que Dejé de Ser Carismático-Pentecostal

21 Razones por las que Dejé de Ser Carismático-Pentecostal

Tras cuatro años en una iglesia carismática/neo-pentecostal y once años en Asambleas de Dios, era necesario definirnos. No dejamos a un pastor para irnos con otro sino que hemos dejado un movimiento. Es cierto que el pentecostalismo de Asambleas de Dios es muy dinámico, muy comprometido con el evangelismo y las misiones, aunque muchas de sus doctrinas y prácticas no están alineadas a las doctrinas y prácticas históricas de la Iglesia, y nada que ver con una iglesia neo-pentecostal, allí solo hay emocionalismo y falsas promesas de prosperidad. En sí son carentes en su mayoría de un celo por la Ortodoxia.

Hago mías las palabras de Rick Nañez, autor pentecostal, que en su libro “¿Evangelio Completo en Mentes Incompletas?” dice:

“Claramente, Dios desea que sus seguidores no solo sean gente de oración, guardianes de los dones espirituales y adoradores que lo demuestren, sino también una asamblea de pensadores excelentes. Nada que no sea un discipulado unificado, entero, servirá para los que están en el servicio del Rey. Sin embargo, con demasiada frecuencia muchos de nosotros de dentro de la comunidad pentecostal carismática faltamos en nuestra convicción y pasión por este método para la vida de la fe. Tendemos a adorar el acto mismo de adorar, a estar en contra de los sermones detallados, llenos de doctrina, coqueteamos con un aprecio por la diversión en el santuario y exhibimos señales de adicción a lo que «se siente bien». Nuestra fascinación por la fama, la novedad y la moda son indicaciones de que pensar cristianamente no encabeza necesariamente nuestra lista espiritual de deseos”.

Siempre fui atraído por el movimiento carismático-pentecostal. Los primeros años de nuestro cristianismo por los anos ochenta fueron influenciados por lideres pentecostales, hombres de ayuno y oración, fervorosos predicadores y genuinos buscadores de los dones espirituales, aunque con poca profundidad teológica. Pero fue quizá en la Comunidad Bíblica Universitaria donde más influencia recibí de amigos pentecostales que estaban abrazando el neo-pentecostalismo, y con el cual empecé a simpatizar. Cuando menos me di cuenta, habían transcurrido dieciséis años desde que decidí dejar la iglesia bautista para abrazar el neo-pentecostalismo y cinco años después el pentecostalismo.

Diversas prácticas anti bíblicas y falta de doctrinas correctas me hicieron retroceder. Vi en cada ocasión de estar involucrado con la preparación teológica una oportunidad de aportar a la iglesia local donde congregaba, pero casi siempre fue apagado por una predicación anti-intelectual desde el púlpito. Hablo del púlpito pentecostal/carismático en general y no de alguno en particular.

Quiero compartirles a continuación 21 razones por las que dejé el movimiento carismático-pentecostal. Hago una nota de cautela que nuestras doctrinas principales, lo que llamamos doctrinas cardinales, son las mismas como cristianos evangélicos y nunca las podré negociar, al mismo tiempo que no puedo dejar de llamar hermanos a muchos militantes de estos movimientos que no han negado ninguna de las doctrinas cardinales del cristianismo.

Mis Razones:

  1. Las sacudidas y tembladeras no son manifestaciones del Espíritu Santo, no hay sustento bíblico para tal práctica. Cuando en los cultos hay un momento llamado “ministración”, o cuando el tiempo de alabanza se ha tornado muy espiritual, o simplemente cuando el predicador dice “vamos a imponer manos…” muchos creyentes, mayormente mujeres, empiezan a sacudirse, a temblar, y a tener movimientos similares a convulsiones, se genera un desorden y no hay ninguna parte en el Nuevo Testamento, que haga referencia a que esta práctica era común entre los cristianos del primer siglo.

  2. Los balbuceos, o repeticiones de palabras que se escucha en los cultos, en el tiempo de oración o dichas desde el púlpito no es el “hablar en lenguas” del que la Biblia hace referencia. En la Biblia dice que son idiomas conocidos, que no se deben decir en el culto público a menos que haya una interpretación. La Biblia dice que hay que orar en lenguas de manera personal, y pedir a Dios la interpretación para poder edificar a otros en la iglesia y uno mismo. Con esto no estoy negando la vigencia de este don, pero sí su inoperatividad.

  3. Atar demonios, atar al diablo, atar enfermedades, y atar “situaciones” no es bíblico. En algunos cultos los que dirigen, ya sea un culto de adoración o una reunión de oración, muchas veces inician su oración diciendo: “atamos todo espíritu que se oponga a Dios y lo echamos fuera…”, otras veces dicen “atamos al espíritu de sueño y distracción y lo echamos fuera…”; en una ocasión una misionera, en su predicación, inició su oración antes de predicar diciendo: “Atamos al diablo en el cielo y en la tierra…”. No hay ninguna parte en la Biblia que respalde tal práctica de orar, de atar y de echar fuera demonios y espíritus. Quizá han malinterpretado el pasaje de Mateo 18.18-19, y estoy seguro que la mayoría de veces simplemente han repetido lo que han escuchado de predicadores y líderes, sin comprobarlo, como ya es costumbre, si es bíblico o no.

  4. No existe tal cosa como “orar para romper maldiciones generacionales”. Los cristianos son libres de la maldición del pecado cuando Dios los hace nacer de nuevo. Enseñar que necesitamos orar para romper maldiciones de nuestros padres, es decir que el sacrificio de Cristo es insuficiente. Tal práctica es común entre los pentecostales, se incluyó en el curso de Sanidad Interior que se dictó en el instituto pentecostal de mi región, por una misionera que enseña que “Dios castiga a los hijos por los pecados de los padres” contradiciendo así lo que dice las Escrituras en varios pasajes como: Deuteronomio 24.16, Ezequiel 18.4, Jeremías 31.29-30, entre otros.

  5. No existe tal cosa de “objetos malditos” que los cristianos puedan tocar y quedar maldecidos. Eso también se enseñó en instituto pentecostal local. No hay argumento bíblico para tal afirmación.

  6. No existe tal cosa de “orar por casas para espantar los demonios”. Tampoco hay sustento bíblico para eso. Orar por una casa para “limpiarla” es una práctica de brujería.

  7. La Biblia no menciona que se haya organizado o programado un culto, o una campaña de “sanidad y milagros”. Ni Jesús ni los apóstoles hacían tal cosa. Los milagros y las sanidades venían acompañados a la predicación y surgía de manera espontánea. Por lo mismo, no veo sustento bíblico para programar reuniones donde se “ofrezca” sanidad o liberación. Esto es muy penoso pues, los creyentes que van a recibir una sanidad cuando no la obtienen, terminan peor que al principio pues el predicador les dice que “tienen que tener fe”, es decir; si no se sanan es porque no tuvieron fe. La Biblia enseña que los que eran sanados eran porque ellos tenían fe, porque el apóstol que oraba por el enfermo estaba lleno del Espíritu Santo, había fe en sus ayudadores (como en el caso del paralitico), etc. La mayoría de campañas y cultos de milagros, las sanidades son muy subjetivas y más parece una manipulación de emociones y el predicador pretende obrar con un poder al que puede manejar como él quiere, pero la Biblia muestra lo contrario, el soberano es Dios y actúa cuando lo desea sin que el hombre lo programe.

  8. Las caídas no son genuinas. He visto que los pastores “mecen” a las personas ya sea al tomarlas de los hombros, de la cabeza o del torso, en algunos casos son ligeramente empujados hacia atrás. Algunas otras son productos de las emociones y casi siempre asociadas a la presencia de un orador o predicador. Pocas han sido las veces que alguien se ha caído por el genuino poder de Dios, y las vidas de esos creyentes han sido transformadas tremendamente. Sé de casos de grandes hombres de la historia que comentan sobre estas caídas o trances, pero en 16 años de pentecostalismo que he vivido, nunca vi una experiencia similar. La mayoría de veces son sólo experiencias emocionales. Tampoco hay base bíblica para esto, no hay registro que sea una práctica en la iglesia neotestamentaria.

  9. El diablo no es soberano, no puede hacer nada sin que Dios se lo permita, su poder es limitado y está a merced de la voluntad de Dios. No veo base bíblica para que los creyentes estén echándolo todo el tiempo de la iglesia, tampoco veo lógico estar acusándolo como el responsable de todo lo malo que sucede. Muchas calamidades vienen como juicio de Dios, otras veces son disciplina de Dios a sus hijos, o simplemente consecuencia de nuestros pecados. Veo en esto una práctica antibíblica no sólo por hermanos, sino por pastores que son responsables de enseñar la Palabra fielmente.

  10. No hay sustento bíblico para el “pastorado femenino”. La Biblia enseña que las mujeres pueden ejercer cierto liderazgo y enseñar a otras mujeres. Pero la Biblia es categórica en señalar que los oficiales que dirigen una congregación son varones y no mujeres. No es bíblico que haya “pastoras” al frente de una congregación. Las mujeres no deben ejercer autoridad ni enseñar a los varones. Las mujeres pueden ser maestras de otras mujeres, miembros de un equipo misionero, pero nunca ser el pastor de la iglesia. Tal práctica contemporánea de llamar “pastora” a la esposa del pastor, o decir “los pastores” al pastor principal y a su esposa, no es bíblico. Por lo tanto, no es bíblico que una mujer oficie la Santa Cena, administre el bautismo, oficie una boda, ni enseñar a varones ni dirigir una iglesia local.

  11. Las personas asignadas para el gobierno de la Iglesia local siempre han sido varones y más de uno. No existe eso de “la iglesia del pastor”. A veces decimos “la iglesia de MacArthur” o “la Iglesia de David Yongui Cho”. Las iglesias no tienen dueño. Los pastores son sólo hermanos mayores que lideran y enseñan en las iglesias locales. Su autoridad está delimitada por las Escrituras. Una de las razones por la que dejo categóricamente este movimiento pentecostal/neopentecostal es porque en la ultima iglesia donde congregué de principio a fin siempre hubo un solo pastor. Los casos disciplinarios eran manejados de a cuerdo a su único criterio y al cuerpo ministerial o a los diáconos solo les legaba un informe verbal. Bajo estas circunstancias, obviamente los casos de sus propios hijos siempre serían tratados de manera parcializada, generando malestar entre los miembros por cualquier injusticia. La Biblia siempre se refirió a las iglesias locales como gobernadas por “ancianos”.

  12. Las tradiciones fundamentalistas no pueden estar por encima de las Escrituras. El atuendo externo de los creyentes no está regulado por tradiciones de alguna iglesia en particular o denominación, eso de no usar aretes, ni pantalones, ni cortarse el cabello o teñirlo de otro color, o prohibir el uso de maquillaje es un total abuso y precario conocimiento de las Escrituras. Un movimiento con más de cien años no puede ignorar las Escrituras por tanto tiempo.

  13. La profecía es un don por el cual Dios da a conocer un mensaje que no es previamente conocido. Las profecías son circunstanciales, no son nuevas revelaciones doctrinales o escatológicas, Dios usa este don para traer una guía a sus hijos, mayormente se ve en ministerios misioneros. No es bíblica tal práctica de “profetizar”, “decretar” o “declarar” que sucederán cosas simplemente porque un predicador o hermano se le ocurre. Veo con mucho pesar que algunos predicadores se paran en el púlpito y dicen traer profecía cuando en realidad son manipulaciones emocionales. En algunas reuniones de oración por sanidad y milagros he escuchado decir “veo que unos riñones son sanados…” entre otras cosas. No estoy de acuerdo con esto, pues como lo mencioné antes, eso es manipulación y no un genuino obrar del Espíritu Santo.

  14. No creo en cada hermano que dice “Dios me dijo”. Dios no está por ahí hablando a diestra y siniestra a cualquier hermano. La mayoría de veces estos hermanos que dicen que Dios les habló caen en un fanatismo, las cosas que supuestamente Dios les habla son contrarias a la Biblia aunque ellos con total ligereza han aprendido a decir que Dios les dijo. Los hermanos que ligeramente dicen que Dios les habla, la mayoría de veces ni siquiera saben las verdades básicas de la Biblia. Creo firmemente que los pastores deberían regular esto en sus iglesias, de lo contrario están promoviendo una práctica anti bíblica.

  15. No estoy de acuerdo con el mensaje “anti-intelectual” de muchos pulpitos pentecostales. Por un lado se promueve el estudio teológico y discipulado, pero por otro se dice que no es necesario. Estoy en desacuerdo con ello. Estamos frente a generación de cristianos mas analfabeta bíblicamente hablando y los pastores deberían predicar: “estudien la Biblia”, “matricúlese en un curso teológico”, “estudien al detalle las doctrinas bíblicas”, etc. El argumento para el “no estudio” es que “la letra mata”, que “el conocimiento envanece y apaga el Espíritu”. Este es un argumento que seguirá manteniendo al pentecostalismo en la ignorancia escritural e innecesaria y seguirán siendo presa de las herejías, de los excesos y de las malas prácticas culticas.

  16. El pentecostalismo cree y enseña que el bautismo en/con el Espíritu Santo se da una sola vez en el creyente y la evidencia inicial es el hablar en lenguas. Yo he encontrado otra cosa en la Biblia y concuerda con muchos teólogos y aun teólogos pentecostales que el bautismo en/con el Espíritu Santo se da más de una vez, y la evidencia no siempre es el hablar en lenguas. Encuentro tres evidencias y son:

  • Hablar en lenguas. Hechos 2.4; 10.46; 19.6

  • Desborda de alegría (en el culto). Hechos 10.46b

  • Valor para testificar el nombre de Cristo: “Y fueron todos llenos del Espíritu Santo y con valentía predicaron la palabra de Dios” (Hechos 4:31).

El énfasis moderno que la única señal de haber sido bautizado con el Espíritu Santo es hablar en lenguas, no parte de una correcta exégesis. Ni qué hablar del “bautismo con fuego”, esa es otra pésima exégesis.

  1. He escuchado tres interpretaciones sobre la predestinación entre los pentecostales. (1) Una de ellas es que “Dios ha predestinado a todos los seres humanos pero depende de cada uno elegir salvarse”. (2) Otra es que “Dios predestina en base a su previo conocimiento, como Él es omnisciente ya sabe quiénes aceptarían a Cristo como Señor y Salvador, por ello Dios los elije para que sean salvos”. Y la (3) tercera postura es que “no hay predestinación para salvación en la Biblia” que Dios sólo predestina hombres particulares como Moisés, Abraham, etc. No hay una real postura arminiana al respecto en el pentecostalismo, el problema es que no se enseña, o no hay una teología clara al respecto entre los pentecostales.

  2. Personalmente fui formado con la postura de que Dios predestina a los que se salvarán haciendo uso de su soberanía para salvar por gracia a los creyentes. Pero sea en esta postura o en la postura arminiana que Dios elige en base a su “presciencia” (previo conocimiento) no veo porqué enseñar que “la salvación se pierde”. Sea que Dios elige salvar soberanamente o en base a su presciencia, el argumento de que la salvación se puede perder queda en el aire. Dios no predestina gente que perderá su salvación. El único caso que reconozco en la Biblia es a los “apástatas” quienes en todo caso están “predestinados” para ser lo que son. Así como dice Judas 4 “Porque han entrado disimuladamente ciertos hombres impíos (destinados desde antiguo para este juicio), los cuales convierten en lascivia la gracia de nuestro Dios, y niegan a Jesús el Mesías, nuestro único Soberano y Señor.”. También como dice 1 Juan 2.18-19 “salieron de nosotros, pero no eran de nosotros”. Esta quizá sea la principal y mayor doctrina por la que dejo el pentecostalismo.

  3. Por lo mismo, no creo que un cristiano genuino pueda pecar y salirse el Espíritu Santo de su vida y en lugar de ello venir un demonio y poseerlo, esta es otra predicación principal que me ha motiva a dejar definitivamente el pentecostalismo. No existe tal cosa como un “sello de seguridad” que se rompe con el pecado y el cristiano deja de ser cristiano, deja de ser espiritual, des-nace de Dios, y se le mete un demonio y lo posee. No hay base bíblica para esta predicación muy común en los púlpitos pentecostales.

  4. El “dispensacionalismo” es una doctrina observada y aunque es secundario, creo que el pentecostalismo lo arruinó todo al respecto de esta postura escatológica. Esa predicación que dice “si no estás preparado para el rapto te quedarás a sufrir la gran tribulación” es absurda. Si le sumamos una soteriología de que puedes perder la salvación si no estás preparado y quedarte a sufrir la gran tribulación, parece una predicación en la que te quieres salvar por miedo y no porque Dios te ama y tienen gracia para contigo. No encuentro base bíblica para tal predicación.

  5. Tanto en el pentecostalismo como en el neopentecostalismo que yo conocí, viví y experimenté, los miembros de dichas iglesias no gozan de “libertad de conciencia”. Con esto resalto el hecho de que un miembro de una iglesia así no puede:

-Visitar una iglesia de otra denominación

-Leer literatura teológica de otra denominación

-Participar de conferencias con teólogos de otra denominación

-Hacer preguntas sobre las creencias de la denominación que cuestionen sus dogmas

-Dejar de asistir a uno o más servicios de la semana de los que su iglesia celebra

-Cuestionar la conducta del pastor o de los líderes

-Hacer observaciones de los sermones del pastor, de lo que dice en el púlpito

-No puedes solicitar un reporte de la administración de los diezmos y ofrendas

-Que las mujeres usen maquillaje, o que los hombres usen pantalones cortos

-Etcétera.

Cautivar la “libertad de conciencia” de los miembros de una iglesia local es pecado, puesto que demanda obedecer las leyes de los hombres y no las ordenanzas de Dios claramente expresadas en las Sagradas Escrituras. Quien obedece a los hombres antes que a Dios es un pecador.

Admiro a muchos pastores pentecostales que han dejado todo para servir a Dios, lo aplaudo y lo celebro, pero estamos en una coyuntura mundial en el Evangelio, en el que hay que ser radical con las doctrinas y prácticas, y por ello tomé esta decisión. Cuestiono mucho a los pastores neo-pentecostales y carismáticos y aunque no pueden meter a todos en un mismo saco, tampoco puedo aprobar su conducta.

Invito a mis hermanos a estudiar más las Escrituras, y a tomar decisiones que sean trascendentales para su vida.

Jesús Paredes


Fuente: Textos Fuera de Contexto

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