Orar por un amor que discierne

Orar por un amor que discierne

Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Romanos 13:9

En nuestra preocupación por ser políticamente correctos, necesitamos recordar que no toda discriminación es mala. Una cosa es «dar trato de inferioridad a una persona o colectividad», basados en prejuicios raciales, sociales, culturales o religiosos, y otra cosa, es aceptar cualquier perversión moral o aberración sexual porque la sociedad o gobiernos humanos apoyen.

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Romanos 12:2

Pablo declara que la obra de Cristo invalidó las distinciones basadas en diferencias étnicas, de sexo, o de clase social. Discriminar en este sentido negativo es enteramente ajeno al amor de Cristo. Sin embargo, es esencial que todo hijo de Dios aprenda a discriminar en el sentido positivo, reconociendo las diferencias que son importantes: entre la verdad y el error, entre la justicia y la injusticia, entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo bueno y lo malo, y entre lo mejor y lo excelente.

La preocupación de Pablo no es que los filipenses amen, sino cómo y qué deben amar. Pablo utiliza la misma palabra griega para «amor» cuando exhorta: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» y cuando expresa con tristeza: «Demas me ha desamparado, amando este mundo». El amor equivocado, no importa cuán intenso y sincero sea, no es una virtud.

El amor, es sensible a lo ético y discierne espiritualmente. En la preocupación de Pablo por el amor que discierne, ora primero para que el amor de los filipenses crezca en «conocimiento». Pablo, utiliza esta palabra para referirse, no al conocimiento intelectual, sino a la sensibilidad ética. Al hablar de este conocimiento, quiere decir que ellos, cada vez deben estar más familiarizados con la voluntad de Dios. Deben saber qué quiere Él de ellos y por qué. Deben comprender que la voluntad de Dios para ellos es buena, agradable y perfecta.

No habla de obediencia irracional o de reglas impuestas externamente y que no tienen ningún sentido. Dios quiere que lleguemos a ser hijos maduros, motivados a hacer lo que es correcto, sin importar las consecuencias, o quién esté mirando. Esta es la prueba de nuestro carácter en Cristo.

Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal.
Filipenses 3:18‭-‬19

En otras palabras, es un gran principio de amar sin importar las consecuencias. Pablo recuerda a los filipenses que Dios les ha dado, «a causa de Cristo, no solo que creáis en él, sino también que padezcáis por él». ¿Son los filipenses los únicos creyentes que necesitan aprender, que practicar el amor de Dios puede involucrar padecimiento?

Hoy, como en los días de Pablo, hay quienes profesan ser hijos de Dios, pero cuya ansia de comodidad y seguridad los hace conducirse como «enemigos de la cruz de Cristo». Como Pablo les recuerda a los filipenses: «El fin de ellos será la perdición. Su dios es el vientre, su gloria es aquello que debería avergonzarlos, y solo piensan en lo terrenal».

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