Matando el “dragón” de los celos ministeriales

Matando el “dragón” de los celos ministeriales

“La enfermedad que más amenaza la vida de la iglesia evangélica es la pasión desenfrenada por los aplausos.”
– Dr. J.C. Massee – pastor bautista fundamental (noviembre 1871 – marzo 27, 1965)

I. Los síntomas del los celos ministeriales

Los celos en el ministerio son una lucha para todo siervo de Dios. No quedaremos libres de este mal hasta que veamos el resplandor glorioso de la persona Jesucristo y reconozcamos la pobreza y la bajeza de lo mejor de nuestros logros. En aquel día los celos ministeriales aparecerán tal como son: un juego para niños y necios que sólo sirve para dañar el reino de Dios y truncar el ministerio de aquellos que participan en él.

¿Cuáles son algunos de los síntomas de los celos en el ministerio?

Hacia otros líderes . . .

Nos encontramos señalando cada vez más los errores y los defectos de otros líderes y sus ministerios.
Nos gusta escuchar comentarios negativos acerca de otro líder o su ministerio.
No nos gusta escuchar comentarios positivos acerca de otro líder o su ministerio.
Vemos a otros siervos como personas con quien competimos para medir la calidad de nuestro ministerio (en lugar de verlos como amigos y consiervos que tienen las mismas luchas que nosotros).
No oramos por los consiervos y el avance de sus ministerios.
Guardamos el deseo secreto de que no tengan mucho éxito en su ministerio.
Hacia nosotros mismos . . .

Al observar los frutos del ministerio de otros, nos sentimos inferiores o inútiles: “¿Señor, por qué no me usas a mí como usas al siervo X”? “¿Qué tiene él o ella que no tengo yo?”
Vivimos bajo la sombra de una introspección malsana que cuestiona sin cesar nuestras capacidades ministeriales y nuestro llamado.
Aun las observaciones más pequeñas o las críticas más leves nos desaniman profundamente ya que no nos sentimos seguros de nosotros mismos.

II. El pecado de los celos ministeriales

La batalla contra los celos en el ministerio comienza con un mayor entendimiento de por qué es un pecado que deshonra a Dios.

A. Los celos ministeriales revelan que nos amamos a nosotros mismos más de lo que amamos a Dios.

Revelan que estamos pensando sólo en el éxito de nuestro “reinito” y no en el avance global del reino de Dios. No hemos entendido que el fracaso de cualquier ministro o ministerio es una derrota para el cuerpo de Cristo, lo cual entristece el corazón de Dios.

Considere el testimonio de Juan el Bautista frente al comentario que “todos están yendo a Jesús”. Dijo el Bautista:
(1) un siervo de Dios sólo puede recibir lo que Dios le envía;
(2) yo no soy el Cristo;
(3) soy enviado para servir a Cristo;
(4) la esposa (la iglesia) le pertenece a Cristo;
(5) Soy el amigo de Cristo, el esposo;
(6) por eso, me gozo grandemente de la voz de Cristo; y
(7) Cristo ha de crecer y yo he de menguar (Jn. 3:27-30).

¿Podemos decir lo mismo que Juan el Bautista?

B. Los celos ministeriales revelan que nos amamos a nosotros mismos más de lo que amamos a nuestro hermano.

Deseamos el éxito para nosotros mismos pero no lo deseamos para nuestro consiervo en Cristo. ¿Será este amor propio un ejemplo del amor que Cristo espera de nosotros de que “os améis unos a otros como yo os he amado”.

C. Los celos ministeriales revelan que no nos amamos a nosotros mismos de manera correcta.

El celo ministerial es una muestra innegable de que no nos aceptamos a nosotros mismos como Dios nos acepta ni tampoco aceptamos el ministerio que Dios nos ha asignado en su bondad soberana (Salmo 16:5-6).

Cuando dejamos que los celos ministeriales nos consuman, estamos declarando: “Padre Celestial, no has sido bueno conmigo. No me has dado el éxito que yo espero para ser feliz.”

Los celos ministeriales a menudo nos impulsan a crear o mejorar nuestra “imagen” como líder. Nos esforzamos por ser un líder reconocido y admirado. Sin embargo, tales esfuerzos suelen obstaculizar o destruir la obra verdadera que Dios quiere hacer en nosotros y por medio de nosotros. Entre otras consecuencias, el esfuerzo por crear, mejorar o proteger nuestra imagen:

Genera conflictos con otros: Vemos a los demás como competidores en el gran “concurso de belleza ministerial”. Se muere la comunidad cristiana que debe ser una fuente de fortaleza y comunión en el ministerio.

Llena nuestra alma de falsedad: Caemos en el error satánico de creer que la gloria personal es la meta primordial de la vida. Nuestro corazón se llena de hipocresía al tener que ocultar el egocentrismo de nuestras motivaciones verdaderas.

Ahoga la gracia que necesitamos: El orgullo que permea los celos ministeriales nos separa de la gracia de Dios que es la única esperanza verdadera para “ser exaltado por Dios” segün la clara enseñanza de las Escrituras (1 P. 5:6; Stg. 4:10).

III. Cómo darle muerte el dragón de los celos ministeriales
A. Reconocer que los celos en el ministerio son una lucha para todo siervo de Dios.

“Admitámoslo. Todos hemos estado celosos de alguien más en el ministerio. Los celos son tan viejos como el polvo. Seamos francos: los celos son “tan pecado” como el adulterio, el acto homosexual, o el robo, y te recuerdo que el primer asesinato tuvo como motivo los celos en el ministerio.”

B. Reconocer la gravedad de los celos ministeriales como ofensa contra la Dios, contra su reino, contra nuestros consiervos y contra nosotros mismos.

C. Cultivar la costumbre de orar por los consiervos, sus familias, y el avance de sus ministerios.

D. Cultivar la costumbre de hablar bien de los consiervos y apreciar con sinceridad sus buenas cualidades y logros ministeriales.

E. Buscar formas prácticas de servir a los consiervos con alegría auténtica.

F. Confesar el pecado de los celos en el ministerio tantas veces como sean necesarias, así dejando que el Espíritu Santo haga cambios en lo más profundo de nuestro ser.

G. Usar el desánimo que nace en los celos ministeriales para buscar el amor profundo de Dios y afirmar nuestra identidad como siervo de él.

H. Practicar la ministración e intercesión mutua entre líderes en un espíritu de amor y respeto.

I. Cultivar una mentalidad de “abundancia” y no la de “escasez”.

El líder que está en alto riesgo es aquel que niega o no reconoce la tentación de los celos en el ministerio y el poder destructor de ello.

Preguntas y reflexión

  1. ¿Qué siento en mi corazón cuando oigo comentarios o noticias sobre los éxitos ministeriales de otro hermano? Si no puedo regocijarme en ello, ¿por qué?

  2. Hable con la persona de al lado de los costos de los celos ministeriales en cuanto al avance global del reino de Cristo.

  3. ¿Puedo aceptar el lugar que Dios me ha asignado como la muestra de su amor perfecto para conmigo?

  4. Lea el Salmo 131 dos veces, leyéndole a Dios como oración propia y personalizándolo como usted desee. ¿Qué siente al hacer este ejercicio? ¿Qué aprende de él?

“Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia, y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.” (Santiago 3:16-17 )

Jim Adams
Rector
SETECA (Seminario Teológico Centroamericano)

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