Dimensiones de la gracia

Dimensiones de la gracia

«Legalismo, es compararse»

En una congregación, la comparación provoca envidia, celos, contiendas, pleitos, malos entendidos. La comparación lleva a la competencia, para ver quién es mejor que otro. Si vamos a la raíz, los conflictos están en los conceptos y la teología que hemos recibido y que da forma a nuestra creencia. Pero Dios quiere arrancar toda teología que no ha nacido de su Espíritu y darnos una Palabra sana y restauradora. En Cristo, nadie es mejor que otro, pues estamos en él, y somos parte de su cuerpo.
La comparación provoca envidia, juicio y prejuicio; y anula la gracia. Dios nos llamó a ser auténticos, porque la iglesia de Cristo no es una fábrica de reproducción de seres idénticos entre nosotros, no somos fabricados en serie para pensar iguales, ni ser igualmente espirituales. No puedo comparar mi grado de espiritualidad con otra persona, solo Cristo es el varón perfecto, el que no tiene mancha, el que venció. La Biblia dice que debemos crecer a la estatura de Él.

Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular. Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas. ¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿todos maestros? ¿hacen todos milagros? ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos?
1 Corintios 12:27‭-‬30 RVR1960

 
Lo bello de la diversidad, es su diferencia. Hay altos, bajos, gorditos, anchos, narizones, orejones, cachetones. Es parte de la belleza de la creación. Dios no hizo todas las flores del mundo del mismo color, no hizo todos los perros y gatos iguales. Dios es un Dios de diversidad y de variedad; esa diversidad se manifiesta también en la iglesia de Cristo.
El legalismo requiere que todos seamos iguales en convicción y apariencia. La gracia encuentra su placer en la variedad. Motiva a la individualidad, a la sonrisa, a la libertad y a la variedad; además tiene espacio para el desacuerdo.
Como miembros de un cuerpo, no podemos todos ser iguales, pues cada uno debemos cumplir funciones diferentes, para que el cuerpo manifieste la vida de Cristo. Unos como corazón, otros como pulmones, otros como sangre, otros como hígado, y así sucesivamente, cada uno haciendo lo que debe hacer.  Necesitamos esas características que Dios nos entregó en dones y talentos para que, junto a los demás, edifiquemos el cuerpo de Cristo y actuemos eficientemente y en acuerdo.
¿Usted imagina al corazón criticando al pulmón por no hacer lo mismo que él? Así estamos en el cuerpo de Cristo. Necesitamos entender que cada uno cumple una función diferente, determinados por el propósito eterno, en Cristo Jesús.

Fuente: https://www.transformadosencristo.com/ y

http://www.elcentronetwork.com/

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