No le Cortes la Cabeza a Juan

¿Odias que te corrijan? A los seres humanos nos odia que se nos corrija. Somos expertos. Usamos la libertad como excusa para la indisciplina. Somos libres, y podemos hacer lo que nos de la gana, decimos; que nadie se entrometa en mi vida. Rechazamos a los que nos amonestan, no porque estén equivocados, sino porque no nos aprueban. 
La manera como reaccionamos ante la corrección revelará que tan necios o sabios somos. En nuestra sociedad de hoy, es aceptable ridiculizar a los que nos amonestan. Aquellos que nos instruyen se convierten en nuestros enemigos y pensamos que no estaría nada mal deshacernos de ellos. Esto es porque creemos que nos merecemos un padre, una madre, un pastor, un hermano, un profesor o un amigo. De manera que las antes mencionadas son buenas personas siempre y cuando no nos reprendan.
Sin embargo, nada de esto es nuevo. En Mateo capítulo 14 se nos narra la muerte de Juan El Bautista. ¿Cuál fue la causa? Intolerancia a la corrección. Juan, como ministro de Dios que no temía a nadie, le advirtió al rey Herodes que la ley le prohibía tener a su cuñada como mujer. La respuesta de Herodes fue hacerlo arrestar y encarcelar y desde entonces quería matarlo. Su intención era cerrarle la boca al profeta. Finalmente, Juan fue decapitado y Herodes no tenía a un profeta que le dijera lo que tenía que hacer.
Herodes quitó a Juan del medio para que no le redargüyera más, pero desafortunadamente, el continuó siendo el mismo rey arrogante, adúltero y corrupto. Encarcelar y matar a Juan no mejoró nada porque el problema no era Juan, el problema era él. En la sociedad de hoy, ¿Cuántos hijos no se apartan de las casas de sus padres porque no los aprueban para que hagan lo que quieran? Pero cuando salen continúan siendo los mismos muchachos arrogantes, malcriados y desobedientes. Porque ellos son el problema y no los padres. ¿Cuántos miembros no abandonan la iglesia porque no les gusta el pastor? No obstante, cuando se marchan siguen siendo los mismos cabezones que no se someten. Porque el problema es ellos.
Deshacernos del que nos corrige es arrogancia al más alto nivel; es cortar la fuente de la sabiduría. Rechazar al que te corrige no le hará daño a él sino a ti. Podrás dejar la casa de tu padre o ir a otra iglesia donde no se te confronte, pero no podrás abandonar a aquella persona plagada de amargura la cual eres tú hasta que no aprendas disciplina. Podrás deshacerte del profeta pero nunca de la verdad. Porque el problema no es Juan, el problema eres tú.
Por Jorge Luis Rosario.

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